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    Corbata RojaEl lugar de la cita estaba a las afueras de Madrid, en un sitio algo apartado. Tuve que coger el autobús, el metro y el cercanías para llegar hasta allí. Casi dos horas de viaje, pero no me importaba demasiado. Me gustaba tener tiempo para ensayar mentalmente lo que iba a decir. Imaginaba posibles escenarios y situaciones que pudieran darse en la entrevista y trataba de pensar cómo actuar en cada paso.

    Siguiendo mi costumbre fui con tiempo más que suficiente para echar un vistazo por la zona. El edificio de oficinas era de construcción moderna; a simple vista parecía un buen lugar dónde trabajar. Soy un poco maniático con el tiempo. Me gusta llegar a la zona con 15 minutos de antelación, dar una vuelta y entrar 10 min antes. Tengo la creencia de que 10 minutos de adelanto son el término medio: llegar tarde a una entrevista de trabajo es imperdonable, pero llegar demasiado pronto puede hacerte parecer demasiado ansioso.

    Estaba haciéndome el remolón en la puerta de la empresa y mirando nerviosamente el reloj cuando vi como esta se abría y de ella salieron dos jóvenes impecablemente trajeados. Enseguida advirtieron mi presencia. “Tú debes de ser *********. Adelante, acompáñanos”. Las primeras impresiones cuentan más de lo que muchas veces nos gustaría admitir; así que es importante dar buena imagen en el saludo inicial. Ese saludo inicial es determinante para predisponer al entrevistador o a la entrevistadora a tu favor –o en tu contra-. Durante mi dilatada experiencia en la búsqueda de empleo he podido diferenciar dos tipos de entrevistas de trabajo: la entrevista buenrrollista y la entrevista a cara de perro (por supuesto, cada uno de estos dos tipos tiene sus variedades). Por el aspecto de mis entrevistadores, la entrevista iba a ser buenrrollista. Mejor, eran mis preferidas.

    Me condujeron a una salita y nos sentamos los tres en una mesa circular. Me explicaron en que consistiría el trabajo. Como comercial de una empresa de fuerza de ventas me dedicaría a vender los diferentes productos de los que representaba la empresa. También ofrecería nuestros servicios de fuerza de ventas a aquellas empresas que estuviesen interesadas en externalizar su departamento comercial. Me dejaron claro que no era un trabajo de puerta fría, sino de b2b (bussisnes to bussisness). Es decir, que sólo iría a vender a empresas y negocios, nada de asaltar a la gente por la calle o ir a molestarles a casa. El trabajo tenía buena pinta…

    CONTINUARÁ

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