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    Corbata RojaAl día  siguiente tenía que llevar mi propuesta de elevator pitch a la clase del cursillo comercial y tenía la mente literalmente en blanco. Y lo que es peor, iba a exponerlo delante de algunos de los comerciales de la empresa, para que ellos juzgasen mi actuación.

    De entrada la perspectiva de coincidir con un pez gordo en un ascensor y empezarle a hablarle de mi empresa me parecía un poco surrealista, cuando no ridícula. Pero no me quedaba otra que inventar algo, sino puede que mis días como comercial terminasen antes de haber empezado. Así que me puse manos a la obra y empecé a apuntar mis ideas en un cuaderno (un cuaderno que había comprado al empezar el curso de comercial y en el que había escrito el nombre de la empresa en la portada, con una letra pésima, por cierto).

    No tardé en acudir a internet en busca de inspiración. Leí varios blogs de coaching que ofrecían algunos consejos útiles para la elaboración de un elevator pitch.

    Estuve casi dos horas escribiendo borradores. No pensé que un discurso de apenas minuto y medio pudiese llevarme tanto tiempo, pero finalmente conseguí redactar un texto medianamente coherente que apenas ocupaba una página de mi cuaderno.

    Al día siguiente llegué a clase con el cuaderno en la mano. Mónica y Julián ya estaban allí junto con otros dos hombres. Julián me los presentó, eran Eduardo y Alexandre, dos de los comerciales con más experiencia. Sin demasiados preámbulos Julián nos pidió a Mónica y a mí que nos levantásemos. Primero yo le contaría mi elevator pitch a Mónica y después ella me lo contaría.

    Algo nervioso, porque nunca se me dio bien hablar en público, empecé a hablar:

    -Buenos días –o buenas tardes, según la hora-. Si me permite presentarme soy ——— ——– de Brainstormer Fuerza de Ventas (aquí vendría el apretón de manos). Me gustaría presentarle mi empresa. No se preocupe, no serán más de dos minutos (aquí una sonrisa tranquilizadora para asegurarle de que no le voy a hacer perder el tiempo). Miré, trabajo en Brainstormer, una empresa de fuerza de ventas que se caracteriza por una forma de trabajar realmente novedosa y es que si no vendemos no cobramos. Por supuesto solo seleccionamos aquellos productos o servicios que realmente nos ilusionen; siempre con la condición de no venderlo por encima de su precio habitual y reservándonos la opción de hacer alguna rebaja (a cargo de nuestra comisión, por supuesto). Como verá, contratarnos no tiene ningún riesgo porque solo cobramos por resultados, eliminando los costes fijos…

    Permanecí hablado unos 30 segundos más y después me despedí de Mónica, que hacía el papel de mujer de negocios, con otro apretón de manos, no sin antes darle la tarjeta de la empresa.

    Permanecí expectante ante la reacción de Julián, Eduardo y Alexandre. Intercambiaron miradas entre sí y después me sonrieron. Al parecer, aunque mejorable, les había gustado mi elevator pitch. Respiré aliviado.

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