
Partiendo de la premisa de que al final, el cliente es el que tiene el poder en la economía, y claro está dentro del marketing. Debido tiene el poder, es el “encargado” de abrir o cerrar negocios, el mundo de la economía gira en torno a sus decisiones, por ello este arte debe estar en constante reinvención ya que el cliente se encuentra sometido a miles de impactos publicitarios diariamente. Las reglas han cambiado aunque muchos no quieran verlo.
Pero todo esto parece estar olvidado, parece que lo único que importa es hacer una venta, y la verdad, es que no nos damos cuenta de que lo importante no es la primera venta, sino las sucesivas compras y fidelización del cliente, porque la primera venta es fácil, lo complicado es mantener al cliente y eso es en lo que todos nos tendríamos que esforzar, en lograr hacer del cliente un amigo, y para ello debemos lograr lo más importante, ganarnos su respeto, y eso solo se logra si somos nosotros los que le respetamos.
Pero, ¿sucede esto en la vida real? A mi modo de ver diría que no, y digo esto basándome en todo tipo de publicidad engañosa, o letra pequeña ilegible que en numerosas ocasiones son una trampa sin escapatoria, que lo único que hace es que cuando logra escapar, se le acaben las ganas de volver y así en numerosos casos que demuestran que importa la primera venta pero no las sucesivas, que son las que de verdad harán ganar dinero a la empresa; se dice que cuesta 5 veces más captar a un nuevo cliente que fidelizar y seguir vendiendo a uno que ya lo ha hecho, ahí os dejo el dato.
Yo como cliente he vivido alguna de estas experiencias negativas, y tengo claro que no volveré a comprar productos de una determinada marca o recibir un servicio en ciertos lugares.
No daré nombres pero ¿cuantas veces ha pasado que ves la foto de un bocadillo que parece muy apetecible, y luego, cuando te lo sirven, no cumple ni la cuarta parte de las expectativas que te habías imaginado? Desde luego si se hubiesen cumplido mínimamente tendrían un cliente más; ahí quiero llegar, debemos siempre cumplir las expectativas del cliente, e incluso tratar siempre de ir un poco más lejos y ofrecer un plus al producto. Si sabemos lo que quiere y le respetamos, seguro que repetirá y la próxima vez vendrá con más gente y ese será el verdadero beneficio, no haberle vendido un bocadillo ahora.
Es solo un ejemplo sencillo, pero si lo extendemos a todo lo que puede consumir un cliente, evitando aquello que le pueda hace sentir inseguro o engañado, seguro que los beneficios de mañana serán mayores y seguro que la economía avanzará de forma más rápida; debemos ganarnos al cliente, y al igual que a una persona se la puede conquistar sin engaños, solo basta con respetarlo.
Victor Huelves – Director Corporativo de Operaciones




